La ausencia de matorral, la falta de árboles jóvenes y un pastoreo continuo sin periodos adecuados de descanso pueden transformar la dehesa en un paisaje homogéneo, envejecido y con escasa capacidad para renovarse.
A primera vista, una dehesa con árboles dispersos y un pastizal uniforme puede transmitir una imagen de orden y buen mantenimiento. Sin embargo, esa aparente limpieza puede ocultar un problema importante: la pérdida de los elementos que permiten al ecosistema regenerarse y mantenerse a largo plazo.
En esta segunda entrega dedicada al documento “Manejo del ganado y del matorral para la regeneración de la dehesa”, el proyecto LIFE ScrubsNet pone el foco en el concepto de dehesa simplificada y en las señales que permiten reconocerla.
Según el protocolo, una dehesa puede considerarse simplificada cuando reúne al menos dos de estas tres características: carece de estrato arbustivo, no presenta una estructura de edades diversa en el arbolado y mantiene un pastoreo continuo, sin descanso estival y con una carga ganadera excesiva.
Un paisaje homogéneo que pierde capacidad de renovación
La simplificación reduce la variedad de ambientes presentes en la dehesa. Desaparecen las manchas de matorral, los árboles jóvenes son escasos o inexistentes y la mayor parte del arbolado pertenece a una misma generación envejecida.
Esta homogeneidad no es solo una cuestión paisajística. Cuando los árboles adultos mueren y no existen nuevos ejemplares capaces de sustituirlos, la densidad del arbolado disminuye progresivamente. El resultado es una dehesa que puede seguir pareciendo funcional durante años, pero cuyo futuro está comprometido.
El documento denomina dehesas fósiles a aquellas que conservan árboles adultos, pero no muestran una renovación natural suficiente para garantizar su continuidad. El problema no es únicamente la pérdida actual de ejemplares, sino la ausencia de una nueva generación que pueda reemplazarlos.
Primera señal: ausencia de matorral
Durante mucho tiempo, el matorral se ha considerado un elemento improductivo que debía eliminarse para ampliar la superficie de pasto. Sin embargo, su desaparición total rompe parte del equilibrio ecológico de la dehesa.
Los arbustos ayudan a proteger el suelo frente a la erosión, favorecen la infiltración del agua, aportan refugio y alimento a distintas especies y generan pequeños microhábitats más favorables para el crecimiento de otras plantas.
Además, algunos arbustos actúan como plantas nodriza. Su estructura puede proteger las bellotas, las plántulas y los árboles jóvenes frente a la insolación y el ramoneo, facilitando que superen las etapas más vulnerables de su desarrollo.
Por tanto, no se trata de permitir que el matorral ocupe la finca sin control, sino de conservar y gestionar manchas, rodales, setos y zonas estratégicas donde pueda cumplir sus funciones ecológicas y productivas.
Segunda señal: faltan árboles jóvenes
Una dehesa equilibrada debe contar con árboles de diferentes edades. La presencia exclusiva de ejemplares adultos o envejecidos indica que la regeneración se ha interrumpido.
Las encinas, los alcornoques y otras especies del género Quercus crecen lentamente durante sus primeros años. Sin protección, pueden permanecer mucho tiempo a poca altura y resultar especialmente vulnerables al consumo y al pisoteo del ganado.
La falta de árboles jóvenes puede deberse a diferentes factores, pero el documento destaca la importancia de proteger determinadas parcelas, lindes o rodales y de adaptar el pastoreo durante los primeros años. La siembra de bellotas o la plantación de ejemplares pueden complementar estas actuaciones, aunque el protocolo señala la regeneración natural como una opción especialmente efectiva y viable a largo plazo cuando se dan las condiciones adecuadas.
Tercera señal: pastoreo continuo y sin descansos
El ganado es una parte esencial de la dehesa y su actividad contribuye a modelar el paisaje. El problema aparece cuando los animales permanecen durante todo el año en las mismas zonas y la vegetación no dispone de tiempo suficiente para recuperarse.
Un pastoreo continuo puede provocar que los nuevos brotes sean consumidos repetidamente, impidiendo que los árboles y arbustos jóvenes alcancen un tamaño que les permita escapar del ramoneo.
El protocolo recomienda organizar el aprovechamiento según la sensibilidad de cada terreno y reservar temporalmente del pastoreo las áreas destinadas a la regeneración. Los descansos, las rotaciones, el pastoreo dirigido y la protección de rodales permiten compatibilizar la actividad ganadera con la renovación del arbolado.
Simplificar no siempre significa gestionar mejor
Eliminar toda la vegetación arbustiva y mantener un pastizal uniforme puede facilitar determinadas tareas a corto plazo. Sin embargo, este modelo reduce la diversidad de hábitats y debilita las relaciones entre los distintos componentes del sistema.
Una dehesa bien conservada no es únicamente una suma de árboles y hierba. Es un mosaico en el que conviven pastizales, zonas de matorral, arbolado de diferentes edades, lindes, setos y espacios temporalmente protegidos.
Cuando esta mezcla desaparece, el sistema pierde estabilidad y resiliencia. Sin cambios en el manejo, la lenta pérdida del estrato arbóreo puede resultar muy difícil de revertir y conducir hacia paisajes cada vez más abiertos y empobrecidos.
Recuperar la diversidad para asegurar el futuro
Frente a la simplificación, LIFE ScrubsNet propone recuperar una gestión basada en el equilibrio. Esto implica conservar una presencia controlada de matorral, facilitar el establecimiento de nuevos árboles y ajustar el pastoreo a las necesidades de cada zona y época del año.
La clave no está en elegir entre ganado, pastos, árboles o arbustos, sino en gestionar adecuadamente las relaciones entre todos estos elementos.
Una dehesa con futuro necesita regeneración, diversidad de edades y espacios donde la vegetación pueda completar su ciclo. Solo así será posible mantener su productividad, su biodiversidad y su capacidad de adaptación ante los efectos del cambio climático.
El proyecto LIFE ScrubsNet está cofinanciado por la Unión Europea a través del programa LIFE, LIFE20 NAT/ES/000978.
