Vacuno, ovino, caprino y porcino no aprovechan la vegetación de la misma manera. Sus diferencias en la selección del alimento, la altura del pastoreo y la capacidad de ramoneo influyen directamente sobre los pastos, el matorral, la regeneración del arbolado y el paisaje.
En la dehesa, elegir una especie ganadera no es solo una decisión productiva. Cada animal se desplaza de forma diferente, selecciona distintos alimentos y ejerce una presión particular sobre la vegetación.
El vacuno suele preferir hierbas de mayor altura; el ovino aprovecha pastos más bajos; el caprino presenta una elevada capacidad para seleccionar y consumir arbustos; y el porcino ibérico puede utilizar hierba, frutos forestales y otros recursos disponibles.
El documento “Manejo del ganado y del matorral para la regeneración de la dehesa”, elaborado en el marco de LIFE ScrubsNet, explica que estas diferencias favorecen el desarrollo de comunidades vegetales distintas y contribuyen a modelar paisajes diferentes. También recuerda que el comportamiento no depende únicamente de la especie: la raza, la edad, la experiencia, las necesidades nutricionales y las condiciones ambientales modifican las preferencias alimenticias.
Vacuno: un aprovechamiento generalmente menos selectivo
El ganado vacuno presenta, con carácter general, una baja capacidad selectiva y ramoneadora. Suele aprovechar comunidades herbáceas de porte alto y poca diversidad, cortando la vegetación a una altura superior a la utilizada por ovejas y cabras.
Esta característica puede resultar útil en determinadas zonas donde se pretende mantener el aprovechamiento de la hierba sin ejercer una presión excesiva sobre las especies leñosas. A bajas cargas, el vacuno puede permitir que algunos arbustos y árboles jóvenes prosperen.
Sin embargo, no todas las razas se comportan igual. El protocolo destaca que razas autóctonas como la Berrenda o la Pajuna presentan una mayor capacidad selectiva y de ramoneo y están adaptadas al aprovechamiento de vegetación arbustiva en terrenos pedregosos o montañosos. La raza Marismeña, por su parte, está adaptada al consumo de pastos arbustivos salinos.
Ovino: pastos bajos y una capacidad intermedia de selección
El ganado ovino presenta una capacidad selectiva y ramoneadora intermedia. Su forma de pastar le permite aprovechar comunidades herbáceas de porte medio o bajo y con una mayor diversidad de especies.
La raza Merina destaca por su escasa tendencia al ramoneo y por su capacidad para favorecer pastos herbáceos bajos y de elevado valor pascícola, conocidos como majadales.
Otras razas pueden comportarse de manera muy diferente. El Merino de Grazalema y la Segureña poseen una mayor capacidad para ramonear y aprovechar vegetación arbustiva en zonas montañosas. La Churra Lebrijana está especialmente adaptada al consumo de pastos arbustivos salinos.
Por tanto, hablar únicamente de “ovejas” puede resultar insuficiente. La raza y la experiencia de los animales son determinantes para anticipar su influencia sobre la finca.
Caprino: la especie ramoneadora por excelencia
La cabra posee una elevada capacidad selectiva y ramoneadora. Puede escoger pequeños brotes, hojas y otras partes concretas de la vegetación, tanto herbácea como arbustiva, y acceder a zonas rocosas o difíciles para otras especies.
Esta capacidad la convierte en una herramienta útil para aprovechar o controlar determinadas formaciones arbustivas. Al mismo tiempo, exige una gestión especialmente cuidadosa en las zonas donde se pretende regenerar encinas, alcornoques u otras especies leñosas.
Los animales pueden alcanzar y consumir los nuevos brotes, por lo que una presión excesiva o continuada puede comprometer la regeneración. El protocolo señala además que las razas caprinas lecheras de alta producción suelen presentar una menor capacidad de ramoneo que algunas razas autóctonas de orientación cárnica.
Porcino: mucho más que el aprovechamiento de la bellota
Las razas porcinas blancas destinadas a la producción cárnica presentan, en general, poca capacidad de pastoreo. El cerdo ibérico, en cambio, está especialmente adaptado al aprovechamiento de los recursos de la dehesa.
Puede consumir hierba, ramón y frutos forestales. Durante la montanera, su actividad se concentra principalmente en las bellotas y la vegetación herbácea.
Esta capacidad para utilizar recursos estacionales convierte al porcino ibérico en una pieza característica del sistema. No obstante, como sucede con cualquier especie, su presencia debe integrarse en un calendario de manejo adaptado a la disponibilidad de alimento y a la sensibilidad de cada zona.
La raza y el manejo también cuentan
Las diferencias entre especies ofrecen una orientación general, pero no permiten predecir por sí solas todo el comportamiento del ganado.
Dentro de una misma especie pueden existir razas con una capacidad de ramoneo muy diferente. También influyen la edad, el aprendizaje, la experiencia previa, la composición del rebaño y la disponibilidad de alimentos alternativos.
Un animal acostumbrado a consumir matorral puede utilizarlo de forma distinta a otro que nunca haya tenido contacto con ese recurso. Del mismo modo, la escasez de hierba puede aumentar el consumo de especies leñosas que normalmente serían menos utilizadas.
Por eso, gestionar bien exige observar al ganado y la vegetación, no limitarse a aplicar una clasificación general.
Combinar especies para aprovechar mejor los recursos
Las diferencias también pueden utilizarse de forma complementaria mediante el pastoreo mixto o sucesivo.
El protocolo indica que, en un aprovechamiento sucesivo, puede ser conveniente introducir primero el vacuno, que consume la hierba de mayor altura y de forma menos selectiva. Posteriormente pueden entrar ovejas o cabras, capaces de aprovechar la vegetación más próxima al suelo y seleccionar pequeños brotes arbustivos.
Esta combinación puede mejorar el uso de los recursos en grandes fincas o cercados con abundante vegetación arbustiva. Cada especie ocupa espacios y selecciona alimentos diferentes, contribuyendo a un aprovechamiento más completo.
Sin embargo, combinar especies no significa aumentar indiscriminadamente la carga ganadera. Es necesario ajustar el número de animales, el orden de entrada, la duración del pastoreo y los periodos de descanso.
Elegir el ganado según el objetivo
No existe una especie adecuada para todas las zonas ni para todos los objetivos.
Si se pretende favorecer el desarrollo de la vegetación leñosa, puede ser útil trabajar con especies o razas poco ramoneadoras y cargas reducidas. Si el objetivo es aprovechar una formación arbustiva, pueden emplearse animales con una mayor capacidad de selección y ramoneo.
En las parcelas de regeneración será necesario extremar las precauciones, especialmente con las especies capaces de alcanzar los brotes jóvenes. En otras áreas, ese mismo comportamiento puede utilizarse para controlar el matorral o diversificar la alimentación.
La decisión debe considerar el tipo de vegetación, la topografía, la estación, la disponibilidad de pasto y el objetivo productivo y ambiental de cada parcela.
Conocer cómo come cada animal
El ganado no es un elemento externo a la dehesa. Su comportamiento contribuye a determinar qué plantas prosperan, cuáles retroceden y qué estructura adquiere el paisaje.
El mensaje de LIFE ScrubsNet es claro: gestionar la dehesa implica conocer cómo come cada especie y cada raza.
Vacuno, ovino, caprino y porcino pueden desempeñar funciones complementarias, pero su efecto dependerá de cómo se organicen la carga, el calendario, la rotación y los descansos. Conocer estas diferencias permite convertir el pastoreo en una herramienta para equilibrar producción, conservación y regeneración.
El proyecto LIFE ScrubsNet está cofinanciado por la Unión Europea a través del programa LIFE, LIFE20 NAT/ES/000978.
