Forraje en tiempos de escasez: el valor estratégico de los arbustos en la dehesa
Forraje en tiempos de escasez: el valor estratégico de los arbustos en la dehesa

Forraje en tiempos de escasez: el valor estratégico de los arbustos en la dehesa

Cuando disminuye la disponibilidad de pasto herbáceo, los arbustos y árboles forrajeros pueden proporcionar hojas, brotes, ramón, flores y frutos. Estos recursos diversifican la dieta del ganado y pueden convertirse en una reserva alimenticia especialmente valiosa durante el verano, el invierno o cualquier otro periodo crítico.

Los pastos herbáceos constituyen la base de la alimentación en buena parte de la ganadería extensiva. Sin embargo, su disponibilidad y calidad no permanecen constantes durante todo el año.

La falta de lluvia y las elevadas temperaturas reducen la oferta de hierba durante el verano. En invierno, el frío, las heladas o la nieve también pueden limitar su crecimiento. A estas variaciones estacionales pueden añadirse sequías prolongadas u otros episodios que obligan al ganado a buscar alimentos alternativos.

En estas circunstancias, la vegetación leñosa adquiere una importancia especial. El documento “Manejo del ganado y del matorral para la regeneración de la dehesa”, elaborado en el marco de LIFE ScrubsNet, señala que la presencia de arbustos y árboles permite disponer de recursos alimenticios más variados a lo largo del año. Sus hojas, brotes, ramones, flores y frutos pueden complementar la dieta cuando escasean los pastos herbáceos.

Una reserva alimenticia dentro de la propia finca

Los arbustos forrajeros son especies capaces de rebrotar después del pastoreo y cuyos ramones y hojas presentan una buena palatabilidad y valor nutritivo.

Su presencia permite que la propia explotación disponga de una reserva alimenticia distribuida por el territorio. Estos arbustos pueden conservarse o implantarse en setos, lindes, rodales, bosquetes aclarados y otras zonas donde resulten compatibles con el aprovechamiento ganadero y los objetivos de conservación.

No se trata de sustituir completamente los pastos herbáceos, sino de crear una oferta más diversa y escalonada. Mientras unas plantas producen hojas, otras proporcionan brotes, flores o frutos en diferentes momentos del año.

Esta variedad puede reducir la dependencia de una única fuente de alimento y aumentar la capacidad de respuesta de la explotación ante periodos de escasez.

Hojas, ramón, flores y frutos

La vegetación arbustiva puede ofrecer distintos recursos según la especie y la estación.

Las hojas y los brotes tiernos pueden ser consumidos directamente mediante ramoneo. Los restos de poda de árboles y arbustos también pueden proporcionar ramón en determinados momentos.

Algunas especies producen flores o frutos aprovechables por el ganado. En el arbolado de la dehesa destacan las bellotas, mientras que otras formaciones pueden aportar acebuchinas, algarrobas y diversos frutos forestales.

El protocolo también señala que los arbustos pueden contener compuestos con propiedades nutracéuticas. La diversidad vegetal no solo amplía la oferta de alimento, sino que permite que los animales seleccionen entre especies con diferentes características nutritivas.

Un recurso especialmente valioso durante el verano

El verano representa uno de los periodos más difíciles para la ganadería extensiva mediterránea. La vegetación herbácea se seca y pierde progresivamente calidad, mientras aumentan las necesidades de agua y sombra de los animales.

En este momento, los arbustos perennes y determinadas especies arbóreas pueden mantener una parte de su biomasa verde. Los setos, los sotos y las formaciones leñosas próximas a zonas más frescas pueden proporcionar ramón o forraje verde cuando la hierba se ha agotado.

El documento recoge especies adaptadas a condiciones secas que presentan interés forrajero. Entre ellas se encuentran el acebuche, la alfalfa arbórea, el tagasaste y distintas especies de Atriplex.

No todas son adecuadas para cualquier territorio. La elección debe realizarse teniendo en cuenta su adaptación al clima y al suelo, su posible carácter invasor y la normativa aplicable.

También durante el invierno

La vegetación leñosa puede ser igualmente importante durante el invierno.

El aprovechamiento del ramón de encina constituye una práctica tradicional en la dehesa, especialmente cuando las bajas temperaturas reducen la disponibilidad de hierba. Los restos de poda y las ramas recolectadas pueden complementar la alimentación en este periodo.

Los frutos forestales también ofrecen recursos estacionales. La bellota ocupa un lugar central en la alimentación del cerdo ibérico durante la montanera, mientras otros frutos pueden ser consumidos por diferentes especies ganaderas o por la fauna silvestre.

Disponer de vegetación con distintos calendarios de producción permite ampliar el periodo durante el cual la finca ofrece recursos alimenticios propios.

¿Qué características debe tener un buen arbusto forrajero?

No todos los arbustos son igualmente adecuados para alimentar al ganado. Según el protocolo, una especie forrajera debería reunir varias características:

  • producir una cantidad elevada de hojas, ramones o frutos;
  • presentar un buen valor nutritivo y no resultar tóxica;
  • ser apetecible para los animales;
  • resistir la poda y el ramoneo;
  • rebrotar después de ser aprovechada;
  • adaptarse a las condiciones locales;
  • tener un bajo riesgo de comportamiento invasor.

También resulta conveniente que permita el crecimiento del pasto bajo su copa y que pueda integrarse en el mosaico de vegetación de la finca sin desplazar a otras especies.

Diversificar la dieta y el paisaje

La presencia de arbustos no aporta únicamente alimento. Los setos, rodales y bosquetes pueden proporcionar sombra, protección frente al viento y refugio durante los episodios de frío o calor.

También contribuyen a conservar el suelo, retener agua, incorporar materia orgánica y crear espacios favorables para polinizadores, aves y fauna auxiliar.

Por tanto, mantener una cierta diversidad de vegetación leñosa permite combinar funciones productivas y ambientales. Un seto puede alimentar al ganado durante una época crítica y, al mismo tiempo, proteger el suelo y funcionar como corredor de biodiversidad.

Aprovechar sin agotar

Cuando falta la hierba, el ganado aumenta su consumo de vegetación arbustiva. Esta respuesta puede ser útil, pero también exige control.

Si la presión es excesiva, los animales pueden consumir repetidamente los nuevos brotes, reducir la capacidad de rebrote de los arbustos y dañar las pequeñas encinas o alcornoques que crecen entre ellos.

El riesgo es especialmente importante en las parcelas destinadas a la regeneración. Durante la primavera, cuando aparecen nuevos brotes, una sobrecarga puede eliminar tanto la vegetación arbustiva como los árboles jóvenes que se pretende proteger.

El aprovechamiento debe ajustar la carga ganadera, el momento de entrada, la duración del pastoreo y el descanso posterior. Los arbustos son una reserva estratégica, pero solo mantendrán esa función si conservan su capacidad de recuperarse.

Planificar antes de que llegue la escasez

Los recursos forrajeros leñosos no deben considerarse únicamente cuando ya falta el alimento. Su conservación y manejo deben planificarse con antelación.

Identificar las especies presentes, conocer cuándo producen hojas o frutos, proteger algunos rodales y organizar su aprovechamiento permite incorporar estos recursos al calendario anual de la explotación.

El mensaje de LIFE ScrubsNet es claro: una dehesa con mayor diversidad vegetal dispone de más alternativas para afrontar los momentos críticos.

Conservar arbustos y árboles forrajeros puede ayudar a diversificar la dieta, reducir la vulnerabilidad frente a la escasez y hacer compatible la producción ganadera con la conservación y regeneración del sistema.

DESCARGAR EL DOCUMENTO

El proyecto LIFE ScrubsNet está cofinanciado por la Unión Europea a través del programa LIFE, LIFE20 NAT/ES/000978.

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