Especies forrajeras mediterráneas: elegir la planta adecuada para cada finca
Especies forrajeras mediterráneas: elegir la planta adecuada para cada finca

Especies forrajeras mediterráneas: elegir la planta adecuada para cada finca

Acebuche, alfalfa arbórea, tagasaste, especies de Atriplex, morera, albaida, argán y algarrobo aparecen en el protocolo de LIFE ScrubsNet como especies de interés forrajero. Sin embargo, no todas responden igual ante la sequía, las heladas, la salinidad o el tipo de suelo. Su elección debe adaptarse a las condiciones de la finca y respetar la normativa vigente, especialmente cuando se plantee introducir especies no autóctonas.

La vegetación leñosa puede proporcionar hojas, ramón y frutos cuando disminuye la disponibilidad de pasto herbáceo. También puede diversificar la dieta del ganado, ofrecer sombra, proteger el suelo y contribuir a la biodiversidad.

Pero una especie con un buen valor forrajero no tiene por qué ser adecuada para cualquier explotación. La cantidad de lluvia, las temperaturas extremas, la profundidad y composición del suelo, la presencia de salinidad, el tipo de ganado y los objetivos de manejo condicionan su comportamiento.

El documento “Manejo del ganado y del matorral para la regeneración de la dehesa” presenta varias especies de interés para zonas mediterráneas y señala que las plantas seleccionadas deben estar adaptadas al clima y al suelo locales. También advierte de que las especies no autóctonas solo deberían considerarse en dehesas registradas como tierras de cultivo y siempre de acuerdo con la normativa vigente.

¿Qué debe ofrecer una buena especie forrajera?

El protocolo recoge varias características deseables en los arbustos y árboles destinados al aprovechamiento ganadero.

Una buena especie forrajera debería producir una cantidad elevada de hojas, ramones o frutos; ser apetecible y nutritiva; carecer de toxicidad; resistir la poda y el ramoneo; y rebrotar después de ser aprovechada.

También debería establecerse con relativa facilidad, pero presentar un bajo poder invasivo. Además, resulta conveniente que permita el crecimiento del pasto bajo su copa y pueda integrarse en el mosaico vegetal de la explotación.

La selección no debe basarse únicamente en cuánto alimento puede producir una planta. También hay que considerar su capacidad para mantenerse sin desplazar otras especies ni alterar negativamente el ecosistema.

Acebuche: rusticidad mediterránea y distintos recursos

El acebuche (Olea europaea var. sylvestris) es la variedad silvestre del olivo. Está adaptado a inviernos moderados y veranos secos y calurosos, aunque puede verse afectado por las heladas intensas.

Tolera diferentes tipos de suelo y puede proporcionar hojas, brotes y frutos. El documento recuerda que tradicionalmente sus ramas y rebrotes se empleaban como recurso forrajero y que las acebuchinas también han sido aprovechadas por el cerdo ibérico.

Su rusticidad y su integración natural en muchos paisajes mediterráneos lo convierten en una especie de especial interés cuando ya está presente en la finca.

Alfalfa arbórea: interés para ambientes semiáridos

La alfalfa arbórea (Medicago arborea) es un arbusto perenne que puede alcanzar unos dos metros de altura.

Está adaptada a climas mediterráneos semiáridos, con una fuerte sequía estival y temperaturas cálidas. Puede desarrollarse en suelos calizos o silíceos, incluso cuando son poco profundos y pobres en nutrientes.

Su resistencia a la sequía le aporta interés forrajero, pero no tolera bien las heladas. Por ello, su posible utilización debe valorarse con precaución en zonas interiores o elevadas donde se registren temperaturas invernales muy bajas.

Tagasaste: un forraje rico en proteína

El tagasaste (Cytisus proliferus) es un arbusto perenne que puede alcanzar porte arbóreo y formar una copa densa.

Prefiere suelos ligeros, arenosos y bien drenados. Se adapta especialmente bien a suelos ácidos y volcánicos, aunque puede tolerar cierta alcalinidad. No resulta adecuado para terrenos salinos.

El protocolo destaca su utilización como arbusto forrajero, principalmente mediante ramoneo, y su interés para alimentar al ganado durante los veranos secos. También señala su elevada riqueza en proteína, su buena palatabilidad y su ausencia de problemas de toxicidad conocidos.

Sin embargo, sus necesidades y comportamiento deben contrastarse con las condiciones concretas de cada territorio antes de plantear su implantación.

Atriplex: una opción para la aridez y la salinidad

El documento presenta diferentes especies del género Atriplex, entre ellas el tiple (Atriplex nummularia) y la sosera u orgaza (Atriplex halimus).

El tiple está adaptado a condiciones áridas y semiáridas y resiste temperaturas elevadas. Presenta interés forrajero y una buena aceptación por el ganado caprino.

La sosera u orgaza se adapta a ambientes muy áridos, suelos arenosos, salinos o marginales y lugares sometidos a una elevada radiación solar. También puede soportar viento y temperaturas bajas.

Estas características pueden hacer de Atriplex una alternativa en terrenos donde otras plantas encuentran serias dificultades. Sin embargo, el protocolo advierte de que determinadas especies pueden presentar un comportamiento muy invasivo cuando encuentran condiciones favorables.

Por ello, su utilización exige una evaluación especialmente cuidadosa del origen de la planta, su capacidad de expansión y las restricciones legales aplicables.

Morera: hojas nutritivas, pero mayores necesidades de humedad

Las moreras (Morus spp.) proporcionan un buen forraje para el ganado. Sus hojas pueden complementar la alimentación y presentan también otros usos tradicionales, como la cría del gusano de seda.

A diferencia de las especies más adaptadas a condiciones áridas, las moreras prefieren suelos profundos y fértiles y requieren una mayor disponibilidad de agua.

Pueden resultar interesantes en zonas más frescas, parcelas con suelos productivos o espacios próximos a áreas húmedas. No obstante, su implantación en terrenos muy secos o pobres puede exigir recursos y cuidados adicionales.

Albaida: una especie adaptada a distintos sustratos

La albaida (Anthyllis cytisoides) es un arbusto de aspecto blanquecino o grisáceo que habita en una gran variedad de sustratos, incluidos terrenos yesosos, calizos, esquistosos y arenales costeros.

Prefiere los suelos drenantes y no tolera bien las heladas intensas. El documento destaca su importancia como planta forrajera, especialmente para el ganado caprino.

También presenta interés melífero y puede contribuir a diversificar las funciones productivas y ecológicas de la vegetación presente en la finca.

Argán: resistencia a sequías prolongadas

El argán (Argania spinosa) es un árbol muy resistente a las sequías prolongadas y a las temperaturas elevadas. Puede vivir en áreas con precipitaciones reducidas, aunque no tolera las heladas fuertes.

Sus hojas y frutos presentan interés forrajero, sobre todo para el ganado caprino. Además, sus semillas producen un aceite de elevado valor.

No obstante, al tratarse de una especie ajena a buena parte de los territorios de dehesa, su posible introducción debe analizarse desde el punto de vista agronómico, ecológico y normativo.

Algarrobo: frutos y hojas para climas suaves

El algarrobo (Ceratonia siliqua) está adaptado a climas secos, cálidos y suaves, con escasa incidencia de heladas.

Puede crecer en suelos pedregosos y terrenos áridos siempre que disponga de suficiente insolación. Sus vainas, conocidas como algarrobas o garrofas, y sus hojas tiernas pueden utilizarse como forraje.

Su producción de frutos permite disponer de un recurso alimenticio almacenable y concentrado. Sin embargo, las heladas constituyen una limitación importante para su establecimiento en determinadas zonas interiores.

No todas las especies sirven para todas las fincas

Una especie puede ser muy resistente a la sequía, pero no tolerar las heladas. Otra puede crecer en suelos salinos, pero presentar riesgo de expansión invasiva. Algunas producen hojas abundantes, mientras otras destacan por sus frutos o por su valor para el ganado caprino.

Por eso, antes de plantar o reforzar una especie es necesario analizar:

  • las temperaturas máximas y mínimas;
  • la precipitación y la duración de la sequía;
  • el tipo, profundidad y drenaje del suelo;
  • la posible presencia de salinidad;
  • el ganado que utilizará el recurso;
  • la finalidad de la parcela;
  • la capacidad de rebrote y expansión de la planta;
  • su carácter autóctono o no autóctono;
  • las figuras de protección y la normativa vigente.

La introducción de vegetación forrajera no debería plantearse como una solución estándar, sino como una decisión adaptada a cada explotación.

Priorizar las especies locales

Siempre que sea posible, conservar y gestionar las especies forrajeras que ya están presentes puede ser más seguro que introducir plantas nuevas.

Las especies locales ya están adaptadas a las condiciones ambientales del territorio y forman parte de sus relaciones ecológicas. También pueden actuar como refugio, proteger el suelo, alimentar a la fauna y contribuir a la regeneración.

Cuando se valore una introducción, conviene buscar referencias en zonas próximas con condiciones similares, comprobar la compatibilidad ecológica y consultar previamente las posibles limitaciones administrativas.

Elegir para alimentar y conservar

El mensaje de LIFE ScrubsNet es claro: el interés forrajero no es el único criterio para seleccionar una especie.

Acebuche, alfalfa arbórea, tagasaste, Atriplex, morera, albaida, argán y algarrobo presentan características diferentes y pueden responder de manera muy distinta según la finca.

Una elección bien fundamentada puede aumentar la oferta de alimento, diversificar la dieta y mejorar la resiliencia de la explotación. Una introducción inadecuada, en cambio, puede fracasar, generar costes innecesarios o provocar problemas ecológicos.

Seleccionar la especie correcta significa combinar producción ganadera, adaptación ambiental, conservación y cumplimiento de la normativa.

DESCARGAR EL DOCUMENTO

El proyecto LIFE ScrubsNet está cofinanciado por la Unión Europea a través del programa LIFE, LIFE20 NAT/ES/000978.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *