Arbustos nodriza: las guarderías naturales de la dehesa
Arbustos nodriza: las guarderías naturales de la dehesa

Arbustos nodriza: las guarderías naturales de la dehesa

Algunos arbustos crean refugios naturales capaces de proteger las plántulas de encina y alcornoque frente al ganado, la insolación y la pérdida de humedad. Su presencia puede determinar que un pequeño renuevo desaparezca o llegue a convertirse en árbol.

La regeneración de la dehesa comienza muchas veces en un lugar aparentemente insignificante: bajo las ramas de un arbusto. Allí, una bellota puede germinar y encontrar unas condiciones más favorables que en el pastizal abierto para superar sus primeros años de vida.

Estas plantas protectoras se conocen como arbustos nodriza porque facilitan el establecimiento y crecimiento de otras especies. Al igual que una guardería natural, ofrecen a las jóvenes encinas y alcornoques un espacio resguardado durante la etapa en la que son más vulnerables.

El documento “Manejo del ganado y del matorral para la regeneración de la dehesa”, elaborado en el marco del proyecto LIFE ScrubsNet, destaca que las plántulas asociadas a especies nodriza pueden tener más posibilidades de prosperar que aquellas que crecen en espacios completamente abiertos.

Los primeros años, una etapa especialmente vulnerable

Las encinas, los alcornoques y otras especies del género Quercus presentan un crecimiento relativamente lento durante sus primeros años. En función de las condiciones del suelo y de la disponibilidad de agua y nutrientes, un ejemplar sin protección puede mantenerse durante tres o cuatro años con una altura de apenas entre 10 y 20 centímetros.

En esta fase, las plántulas están expuestas al ramoneo del ganado y de otros herbívoros, al pisoteo, a las elevadas temperaturas, a la radiación solar directa y a la pérdida de humedad del suelo.

Un solo mordisco puede eliminar los nuevos brotes y retrasar su desarrollo. Cuando este consumo se repite año tras año, el renuevo permanece pequeño o termina desapareciendo sin llegar a formar parte de la siguiente generación de árboles.

Por ello, proteger las fases iniciales del crecimiento resulta esencial para garantizar la renovación natural del arbolado.

¿Cómo protege un arbusto nodriza?

La vegetación arbustiva modifica las condiciones existentes bajo sus ramas y crea un microhábitat diferente al del terreno abierto.

El protocolo identifica varios mecanismos mediante los que una planta nodriza puede favorecer el establecimiento de otra especie. Entre ellos se encuentran la sombra, una mayor conservación de la humedad, la aportación y movilización de nutrientes, la oxigenación del suelo, las micorrizas, el apoyo a la polinización y la protección frente a los herbívoros.

La sombra reduce la exposición directa a la radiación solar y puede limitar las temperaturas extremas alrededor de la plántula. La hojarasca y la materia orgánica acumuladas bajo el arbusto contribuyen a mejorar el suelo, mientras que sus raíces y su estructura ayudan a conservar la humedad.

Al mismo tiempo, sus ramas pueden crear una barrera física que dificulta el acceso del ganado al joven árbol. No se trata únicamente de esconder la plántula, sino de crear a su alrededor unas condiciones que favorezcan su crecimiento.

Una defensa natural frente al ramoneo

En el contexto de la dehesa, una de las funciones más importantes de los arbustos nodriza es la protección frente a los herbívoros.

Las plantas que mejor desempeñan esta función suelen ser poco apetecibles para el ganado, presentar ramas densas o espinosas y tener capacidad para crecer horizontalmente alrededor de la plántula.

Según el documento de LIFE ScrubsNet, un arbusto nodriza eficaz puede alcanzar entre uno y dos metros de altura y extenderse hasta superar un metro de diámetro. Estas características permiten crear una protección suficientemente amplia hasta que la encina o el alcornoque alcance una altura menos vulnerable al ramoneo.

La protección necesaria dependerá también del tipo de ganado presente. Las cabras y las vacas pueden alcanzar una mayor altura y acceder con más facilidad a los brotes, por lo que la elección y el manejo de las nodrizas debe adaptarse a cada explotación.

No todas las nodrizas necesitan espinas

Las especies espinosas pueden ofrecer una defensa especialmente efectiva, pero no son las únicas capaces de proteger los renuevos.

Algunas plantas aromáticas, resistentes o poco apetecibles para el ganado también pueden cumplir esta función durante las primeras etapas. El romero, por ejemplo, no es espinoso, pero su carácter aromático y su baja apetecibilidad pueden proporcionar cierta protección a los ejemplares jóvenes.

En otros casos, la acción conjunta de varias especies crea una masa vegetal densa y enmarañada que dificulta el acceso a la plántula. El propio documento muestra una joven encina desarrollándose entre un escambrón y una esparraguera, que actúan conjuntamente como refugio natural.

Esta diversidad permite adaptar la estrategia a las condiciones de cada finca, utilizando especies presentes de forma espontánea o reforzando poblaciones cuando resulte conveniente y esté permitido.

Elegir especies adaptadas a cada territorio

No existe una planta nodriza adecuada para todas las dehesas. La elección debe considerar el clima, el suelo, la orografía, la vegetación propia del territorio y las especies de herbívoros que utilizan la finca.

El protocolo recomienda comprobar si el arbusto aparece en zonas próximas con características ambientales similares, consultar la vegetación potencial del territorio y tener en cuenta la normativa aplicable y las posibles figuras de protección.

Cuando se plantee introducir o reforzar una especie, también debe valorarse que pueda reproducirse con facilidad, pero que tenga un bajo potencial invasor. El objetivo no es sustituir una vegetación equilibrada por una masa arbustiva homogénea, sino recuperar los procesos naturales que facilitan la regeneración.

En muchos casos, las mejores nodrizas ya están presentes en la explotación. Identificarlas y evitar su eliminación puede ser el primer paso para favorecer la renovación del arbolado.

Compatibilizar protección y actividad ganadera

La presencia de arbustos nodriza no elimina la necesidad de gestionar adecuadamente el pastoreo. Si la carga ganadera es demasiado elevada o los animales permanecen continuamente en las áreas de regeneración, pueden terminar accediendo a los renuevos o dañarlos mediante el pisoteo.

La protección natural debe acompañarse de medidas como la reserva temporal de rodales, los periodos de descanso, el pastoreo dirigido o rotativo y el seguimiento del ramoneo.

El documento señala que la regeneración natural basada en una recolonización controlada de la vegetación arbustiva puede proteger a los nuevos ejemplares de Quercus durante su crecimiento inicial. Esta estrategia permite integrar la renovación del arbolado en el funcionamiento de la explotación, en lugar de depender exclusivamente de plantaciones y protectores artificiales.

De pequeño renuevo a árbol adulto

Una encina o un alcornoque adulto puede vivir durante generaciones, pero necesita superar primero una etapa especialmente delicada. Durante esos años, la presencia de un arbusto puede marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso de la regeneración.

Los arbustos nodriza demuestran que las relaciones entre las especies son fundamentales para el funcionamiento de la dehesa. Una planta que podría parecer improductiva puede estar protegiendo el árbol que garantizará la continuidad del paisaje en el futuro.

El mensaje de LIFE ScrubsNet es claro: para regenerar la dehesa no siempre es necesario empezar plantando; a veces, el primer paso consiste en conservar las guarderías naturales que ya existen.

Reconocer, proteger y gestionar adecuadamente estos pequeños refugios permite avanzar hacia dehesas con árboles de distintas edades, mayor biodiversidad y más capacidad para adaptarse a los efectos del cambio climático.

DESCARGAR EL DOCUMENTO

El proyecto LIFE ScrubsNet está cofinanciado por la Unión Europea a través del programa LIFE, LIFE20 NAT/ES/000978.

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